La violencia volvió a irrumpir en Manta la tarde del martes 5 de mayo, rompiendo un lapso de 48 horas sin reportes de muertes violentas. Cerca de las 16h00, en la intersección de la calle 321 y la avenida 208, en el barrio La Floresta —uno de los principales accesos a la parroquia Eloy Alfaro desde la avenida 4 de Noviembre—, se produjo un ataque armado que terminó con la vida de un joven en plena vía pública.
La víctima fue identificada como Samuel Isaías Ramírez, de 27 años. Testigos relataron que el sonido de entre ocho y diez disparos alteró la calma del sector. Ramírez, quien residía en el barrio 26 de Septiembre y se dedicaba a trabajos de pintura, no logró sobrevivir al ataque.
En la escena, las autoridades levantaron varios indicios balísticos que corresponden a un arma de fuego calibre 9 milímetros. Además, recopilaron registros de cámaras de seguridad ubicadas en la zona, material que será clave para avanzar en la identificación de los responsables.
El impacto del crimen se reflejó en el testimonio de sus familiares. Una hermana del fallecido aseguró que el joven “no le hacía daño a nadie” y que, antes del ataque, había salido únicamente a comprar “un paquetito para su vicio”, palabras que ahora marcan sus últimos momentos con vida. La familia ya había sufrido una pérdida violenta: en mayo de 2025, otro de sus hermanos, José Abraham Ramírez Quiñones, de 32 años, fue asesinado en el mismo sector.
Este hecho se suma a una cadena reciente de episodios violentos en la parroquia Eloy Alfaro. Apenas un día antes, durante un sepelio, se registró un ataque armado que dejó herido a un adolescente de 17 años. Por ese caso, las autoridades aprehendieron a un menor de 14 años, quien permanece bajo custodia en condición de aislado mientras avanzan las investigaciones.
