En medio del movimiento cotidiano del centro de Machala, donde el ir y venir de personas suele dejar poco espacio para detenerse, dos niñas decidieron hacer una pausa para enviar un mensaje que no pasó desapercibido. Con una hoja de cuaderno y letras escritas a mano, colocaron un sencillo pero directo pedido en la vereda: “No botar basura, por favor”.
El gesto, aunque pequeño en apariencia, estuvo acompañado de acciones concretas. Juntas, limpiaron un reducido espacio que tiempo atrás formaba parte de áreas verdes, pero que con el paso del tiempo se había convertido en un punto donde se acumulaban desechos. Entre residuos y tierra, recuperaron el lugar con sus propias manos, devolviéndole algo de orden a un rincón olvidado del centro de la ciudad.
Quienes transitaban por el sector no solo se encontraron con un área más limpia, sino también con un recordatorio visible de responsabilidad ciudadana. La escena contrastaba: mientras el entorno reflejaba una problemática frecuente, la iniciativa de las niñas evidenciaba que el cambio también puede comenzar desde acciones individuales.
El mensaje, escrito con trazos simples, resume una preocupación que suele repetirse en distintos puntos urbanos: la falta de cultura de limpieza en calles y veredas. Sin embargo, en este caso, fueron dos menores quienes tomaron la iniciativa de hacer visible el problema y proponer, a su manera, una solución.
Más allá del cartel improvisado, su intervención deja una reflexión que trasciende la escena: el ejemplo no siempre viene de los adultos. En ocasiones, son los más jóvenes quienes recuerdan, con gestos sencillos, la importancia de cuidar los espacios comunes y asumir una responsabilidad compartida sobre el entorno.
