José Geovanny León Zambrano, de 27 años, no alcanzó a ver amanecer. A las 05:35 del 1 de abril, su vida se apagó en la vía a la costa, a la altura del kilómetro 33, tras un accidente de tránsito de alta violencia. Conocido entre sus allegados como “Gordo”, el joven realizaba un trayecto que terminaría siendo el último.
De acuerdo con los primeros reportes, conducía un vehículo Kia de color rojo en sentido Guayaquil–Progreso cuando, por causas aún en investigación, perdió el control. El automotor impactó contra el bordillo del parterre central con tal fuerza que una baranda metálica se incrustó en la carrocería, atravesándola de lado a lado: ingresó por el lado del conductor y salió por la parte posterior. Aun así, el vehículo avanzó varios metros más, arrastrando la estructura metálica.
El impacto provocó que el conductor fuera expulsado fuera del automóvil. Cuando los equipos de rescate de la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE) llegaron al lugar, el joven ya se encontraba tendido sobre la calzada, sin signos vitales.
Posteriormente, personal de Medicina Legal realizó el levantamiento del cuerpo y su traslado al Laboratorio de Ciencias Forenses para los procedimientos correspondientes.
Las primeras hipótesis apuntan al exceso de velocidad como factor determinante en la pérdida de control del vehículo, en un siniestro en el que no se reportó la participación de otros automotores. José Geovanny viajaba desde Naranjal con destino a Santa Elena; las razones de su desplazamiento aún no han sido precisadas.
El caso vuelve a poner en evidencia los riesgos en las carreteras y cómo, en cuestión de segundos, un viaje puede transformarse en tragedia.
