Este 9 de febrero, Ecuador y el continente entero conmemoran el aniversario del fallecimiento de Julio Jaramillo Laurido, el artista que trascendió los escenarios para convertirse en el símbolo eterno de nuestra identidad musical. Su partida, ocurrida en 1978 tras complicaciones de salud, no hizo más que dar inicio a una leyenda que se mantiene vigente en cada rincón del mundo hispanohablante.
El último adiós al ídolo
El fallecimiento del «Cantor de Cantores» paralizó al país. Aquel 11 de febrero de 1978, se estima que más de 200 mil personas se volcaron a las calles de Guayaquil para acompañar su féretro hacia el Cementerio General. Como ya es tradición, hoy sus fieles seguidores se congregan cerca de la puerta 13 del camposanto para rendirle tributo con guitarras en mano, entonando a capela sus pasillos y boleros más emblemáticos.
Un talento que desafió el tiempo
Más allá de su prodigiosa voz, pocos conocen que «JJ» fue un prolífico compositor. Se tiene registro de al menos 49 canciones de su autoría, aunque se cree que muchas más se perdieron en sus noches de bohemia. Durante sus 23 años de trayectoria, Jaramillo dejó un tesoro musical impresionante: más de 5,000 canciones grabadas que abarcan géneros como el vals, la ranchera, el pasillo y el bolero.
Desde su primer registro en 1955 hasta sus composiciones propias como «Guayaquileña» o «Amoroso consejo», Julio Jaramillo demostró una versatilidad única. Hoy, su voz sigue siendo el refugio de los románticos y la banda sonora de generaciones que encuentran en sus letras la esencia misma del sentimiento ecuatoriano.
