La escalada de violencia criminal en el sur de Guayaquil ha alcanzado niveles críticos en las primeras dos semanas del año. Aquel distrito, que abarca zonas como el Guasmo, Unión de Bananeros y Siete Lagos, ha pasado a convertirse en el segundo territorio más peligroso de la Zona 8, registrando un promedio de una muerte violenta cada 17 horas.
Ante la falta de garantías de seguridad, al menos diez planteles educativos han suspendido las clases presenciales desde el pasado miércoles, de acuerdo a la Red de Educadores del Ecuador. El Ministerio de Educación no ha emitido un comunicado oficial detallando la medida, pero los padres de familia confirman la disposición.
«Desde el jueves, porque hubo una balacera en el colegio de ella, por la Playita», relató una madre del sector al referirse desde cuándo su hija está en clases virtuales. Aseguró que la rectora del plantel les comunicó que la medida se mantendrá hasta la finalización del año lectivo en febrero.
Según cifras oficiales, durante la primera quincena de enero de 2026 se contabilizaron 21 sicariatos en el distrito Sur, superando los 15 registrados en el mismo periodo del año anterior. Este repunte ha trasladado a esta zona de Guayaquil del quinto al segundo puesto en el ranking de violencia local en cuestión de dos semanas.
Crímenes a plena luz del día
La percepción de inseguridad se ve alimentada por hechos violentos que ocurren a pesar de la presencia policial. Un ejemplo claro se suscitó la mañana del viernes en el Guasmo Central. A pocas cuadras de donde se ejecutaba el megaoperativo policial Apol’, dos personas fueron baleadas en la calle Raúl Clemente Huerta; una de ellas falleció en el lugar.
Los habitantes describen su realidad diaria como una lucha por «sobrevivir» entre balaceras, robos y la detonación de explosivos. «Los cogí y los tiré al piso, hasta debajo de la cama los metí por si acaso una bala perdida», narró una residente tras un enfrentamiento armado en su barrio.
Respuesta insuficiente
Actualmente, el Distrito Sur cuenta con 300 uniformados policiales asignados, apoyados por operativos militares aleatorios. Sin embargo, los residentes de los circuitos más conflictivos —Guasmo, Unión de Bananeros y Siete Lagos— sostienen que la estrategia de contención no ha logrado frenar la violencia que hoy los encierra nuevamente en sus casas.
